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La falsa necesidad de obtener resultados

La necesidad de control ha llevado a las dos grandes premisas mentales que busca toda persona separada de lo espontáneo, el “cómo hacer para” y el “si hago esto entonces obtengo lo otro”.

No creo en la obsesión por la obtención de resultados concretos como fin para realizar las cosas, en la necesidad de un control mental de todo aquello que nos rodea, de todo aquello que hacemos para poder sentirnos seguros.

No sabemos manejar un «no sé qué hacer», nos hace sentir desprotegidos. Así es como nos hemos desconectado de la Naturaleza, nos hemos separado de lo que es Natural, de lo que se produce de manera espontánea

Esta necesidad de control ha llevado a las dos grandes premisas mentales que busca toda persona separada de lo espontáneo, el “cómo hacer para” y el “si hago esto entonces obtengo lo otro”.

Dejar de pensar, dejar que las cosas surjan del instante presente son actividades que debemos acostumbrarnos a ejercer para empezar a sentir que no estamos desprotegidos, que la solución surge por sí misma sin que tengamos que realizar tantas acciones, que la Naturaleza está esperando a que paremos para actuar a través nuestra. Pero nuestros miedos y nuestra necesidad de control hace que construyamos un muro infranqueable donde la Naturaleza no puede pasar y actuar.

Cuando te empiezas a preguntar el porqué se produce esta u otra acción y lo asocias a un movimiento mecánico del cuerpo separado del instinto, es cuando se empieza a estropear el talento, pues éste deja de ser natural, deja de serlo plenamente y pasa a ser una acción mecánica.


Un ejemplo de espontaneidad

Un ejemplo muy claro es lo que pasa en ciertos programas de televisión, los llamados «talent show», grandemente criticados por algunos cantantes clásicos. Ven cómo triunfan personas que no han tenido, según sus propios comentarios, ninguna preparación técnica, que no han luchado por llegar allí, que se les ha dado todo por nada, que no han tenido que llamar a centenares de puertas para conseguir la fama. Resulta que estas personas que “triunfan” son los claros testigos de todo lo que estoy comentando, son el reflejo viviente de la puesta en marcha de una intuición, un saber hacer natural y un talento que les viene dado y que no saben cómo controlarlo. De eso se trata, de que “no saben”… ¡¡ni necesitan saberlo!! No necesitan controlar nada. Es un don, una habilidad, que les es dado y ellos dejan que fluya de una manera natural. No hace falta la intervención humana, la intervención consciente, la necesidad de control. Simplemente SON

No niego que haya determinados talentos que haya que trabajar, que perfeccionar, que madurar. Pero no podemos sustituir la expresión natural de un don con la expresión mecánica del mismo.

Cuando te empiezas a preguntar el porqué se produce esta u otra acción y lo asocias a un movimiento mecánico del cuerpo separado del instinto, es cuando se empieza a estropear el talento, pues éste deja de ser natural, deja de serlo plenamente y pasa a ser una acción mecánica. Y las acciones puramente mecánicas no cuentan con el beneplácito de la naturaleza, una acción natural pasa a ser innatural. No sale del alma porque no queremos que salga de ella. Necesitamos controlarlo mentalmente, sentir mecánicamente qué está pasando.

Estas personas que critican la expresión natural de un don sin intervención mental, son una muestra clara de la búsqueda obsesiva del “cómo hacer para” en vez del “parar, no pensar, recibir y sentir”. Se sienten amenazadas en su concepto de cantante. No conciben la falta de esfuerzo para lograr objetivos. Ese personaje del cantante arquetipo que tanto les ha costado construir no puede venirse abajo así. A través de este personaje, de ese constructo puro, ellos mismos se han construido el muro infranqueable por el cual la naturaleza misma no puede actuar a través de ellos. La necesidad de un control personal, un control mental, la necesidad de coger las riendas ellos mismos de algo que no pueden controlar hace que este muro cumpla perfectamente su función. 
Todo lo que te ocurre es una llamada de atención sobre ti mismo desde un punto de vista de ayudar, no de castigar o destruir.


Una mirada honesta

En vez de ver a los demás como una amenaza a sus pensamientos, a sus creencias sobre lo que debería o no debería ser, una amenaza a la imagen ideal que se han construido de sí mismos y que no logran obtener, deberían empezar a mirarse a sí mismos con un poco de honestidad y preguntarse, ”qué estoy haciendo que esto no funciona, qué pensamientos debo tener que me llevan a tener estas experiencias no deseadas”.

Sólo así se puede comenzar a entrar en un camino de búsqueda dentro de uno mismo que es donde reside la verdad, es donde hallarás las respuestas a todo lo que estás haciendo y donde puedes llegar a alcanzar aquello que tanto anhelas, que seguramente no sea lo que pensabas que era en un principio, y descubras así un nuevo mundo que nada tenía que ver con tu concepto de cantante ideal, y aún más, con tu concepto de persona ideal. Persona y cantante no los podemos considerar como entes separados, como no podemos separar alma y mente. Los dos deben actuar conjuntamente. Los dos actúan dentro de un existir, dentro de la acción de la vida que no es otra cosa que el amor.

No hay unas normas que seguir para conseguir cantar con el alma, pues de nuevo estaríamos conceptualizando e intelectualizando una función de la naturaleza. No existe “Los 3 pasos para cantar con el alma” pero sí que hay una serie de prácticas (te recomiendo la lectura del siguiente artículo) que te pueden ir acercando poco a poco:
 
  • La aceptación de sí mismo y de las características naturales de su instrumento, de su cuerpo, de su carácter, de su personalidad.
  • Parar, no pensar. Practica de vez en cuando el parar la mente. Siéntate cómodamente en un sofá, en la cama o donde te sientas cómodo. Cierra los ojos, ponte una música relajante si lo deseas, y deja de pensar. Si te viene un pensamiento no te involucres en él ni luches para que se vaya. Déjalo acabar y se irá libremente. Oye solamente tu respiración y podrás apreciar la profundidad natural de ésta, cómo esa práctica de levantar el velo del paladar que te decían en las clases de técnica vocal se produce ahora de una manera natural, viene sin tener que pensarlo, sin tener que activar mentalmente ningún músculo. Simplemente se produce. Estás conectando con tu interior.
  • No conceptualizar, no intentar repetir una y otra vez un mecanismo físico para la pretendida obtención de un resultado. No pensar en lo que debe o no debe ser. Simplemente ejecuta y ve experimentando.
  • No te juzgues, pues estarás juzgando a la Naturaleza misma y a tu autenticidad.
     
(…) Hemos dejado atrás los juicios y, con ellos, la necesidad de opiniones y de “pensar” sobre “cómo” reaccionar. La reacción ha sido reemplazada por la respuesta. Los montajes mentales calculadores han sido reemplazados por la expresión auténtica. Y esto solo te parecerá que ha ocurrido efectivamente así, si te permites disfrutar de la libertad de lo nuevo, de la libertad de ser tu Yo verdadero.
Un curso de amor.

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